Julio Martínez, Jota Eme y Jumar: tres nombres para un hombre con el don de la palabra y de la humanidad

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No pretendo ser lo que no soy. Yo no puedo ser más de lo que soy. Yo soy muy limitado, pero soy observador. Y tengo una virtud tremenda: sé llegar a la gente“, afirmó en 1980 el periodista Julio Martínez Pradanos, quien a 11 años de su partida física, el 2 de enero de 2008, todavía es una de las figuras más populares en Chile.

Es difícil comenzar a explicar a las nuevas generaciones cómo aún se refleja la influencia de Julio Martínez, o Jota Eme, como también se le conocía. Un ejemplo es su frase “justicia divina”, inmortalizada en la Copa del Mundo de 1962, durante el triunfo de Chile ante la Unión Soviética, por 2-1, en Arica. La frase surgió luego de una falta que debía ser tiro penal y que fue cobrada como tiro libre, a lo que siguió el gol de Leonel Sánchez y el grito reiterado de “¡Justicia divina!“.

Julio Martínez era un hombre asequible, sencillo y -cómo no- con facilidad de palabra, por lo que era el entrevistado ideal. En más de una ocasión tuvo la gentileza de atender largamente los requerimientos de este servidor cuando yo era un escolar -porque estudiante lo seré siempre, como Daniel de la Vega-, primero en su oficina de la desaparecida Radio Minería, en calle Miguel Claro, y luego cuando se desempeñaba en Radio Monumental, en calle Condell, ambas en la comuna de Providencia.

La conversación de este artículo se remonta a junio de 1996, en su oficina de Radio Minería, en la que estaría hasta diciembre de 1998, cuando la emisora dejó de transmitir, interrumpiendo el programa “Deporte Total”, el que se emitió entre 1978 y 1998, y su comentario matinal, en el que hablaba de cualquier tema de actualidad.

Julio Martínez tuvo su primera vinculación con las comunicaciones en Radio Prat, el 18 de septiembre de 1945, con la dirección del multifacético Carlos Cariola, en el programa “Clínica Deportiva”, espacio en el que participaba con el nombre de “Interno Martínez”. Se inició oficialmente en el periodismo escrito en 1946, en el diario La Hora, perteneciente al Partido Radical, “aunque yo no tenía nada que ver con ese Partido“, aclaraba.

Ese diario no se vendía, ni siquiera los radicales lo compraban. Así que cuando me hablaron de Las Últimas Noticias, el propio Raúl González, que era el jefe de Deportes, me dijo ‘Váyase al tiro, váyase mañana, porque ahí está su futuro’. Y tenía razón, porque llevo 47 años escribiendo”. Esa sería su última temporada, pues renunció en enero de 1997.

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Julio Martínez y la grabación con su relato durante el partido Chile 2-Unión Soviética 1, con el inmortal “Justicia divina”.

Martínez llegó a ser jefe de Deportes en Las Últimas Noticias, “y escribía, porque la mayoría de los jefes, cuando son jefes, ya no escriben más. Y mi ‘Marquesina’ (“Bajo la marquesina”, una sección del diario) la sigo escribiendo casi diría por el agrado y la cosa sentimental de sentirme unido a Las Últimas“.

Julio Martínez fue uno del selecto grupo de periodistas que ayudó a formar la mejor y más longeva revista deportiva chilena, Estadio, la que se publicó entre 1941 y 1982. Disfrazados muchas veces con seudónimos -Caracol, Aver, Don Pampa, Pancho Alsina, entre otros- sus redactores eran el reflejo de un periodismo respetuoso, pulcro, documentado, ingenioso y honesto.

La revista Estadio fue un lujo para el periodismo chileno. Salía el día jueves y la gente la compraba para ver las fotos de los goles, porque los publicaba todos. Además, era el único medio que acompañaba a la selección chilena o a los clubes en gira, en la década del 50 y 60. Era un imperio de un particular, don Alejandro Jaramillo, pero era una revista limpia, nada que ver con el periodismo agresivo que se hace hoy. Casi era una revista académica, porque para trabajar en ella había que escribir muy bien“, aseguraba.

Para el Premio Nacional de Periodismo Deportivo, Estadio “tenía mucho prestigio en el exterior” y “escribían plumas selectas, como Renato González, Carlos Guerrero, Raúl Hernán Leppé, José María Navasal que hacía el tenis, Antonino Vera, que fue un gigante (…) Además, salir en su portada era un honor, ya que no se publicaban portadas vendedoras como se hace ahora. El que salía es porque hacía méritos y podía ser futbolista, basquetbolista o boxeador. Además, Estadio no bajaba de los 45 mil ejemplares“.

La sección “Migajas” de la revista -que heredó de Carlos Guerrero- estuvo a su cargo durante largo tiempo. Consistía en una página con una sucesión de anécdotas, todas con un sentido humorístico, complementadas con los dibujos de Renato Andrade, “Nato”, quien también era responsable del personaje “Cachupín” en la revista. Martínez relataba que la sección se nutría “de ir anotando anécdotas… ¡Si todos los días hay anécdotas!“. La página era firmada por su seudónimo de Jumar.

Tal vez uno de los aspectos que más extrañaba Martínez durante los 90 en el ambiente periodístico era el espíritu de unidad que existía en Estadio. Como lo describió en la misma, con ocasión del número 1.000 de la revista, el 26 de julio de 1962: “A Estadio le debo la oportunidad de haber alternado con lo mejor del periodismo deportivo chileno, de haber hecho amigos en un oficio donde no es fácil labrar sinceridad“.

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“Yo creo que Chile en sí es un país que no ha llegado todavía donde debió haber llegado por el potencial humano que tiene, tal vez porque somos demasiado individualistas”. -Julio Martínez

Casi 34 años después, en junio de 1996, mantenía incólume su reconocimiento. Por eso que afirmaba con vehemencia que “Don Alejandro Jaramillo hizo una familia de nosotros. Y todos los lunes, al cerrar la revista, como a las nueve de la noche, nos íbamos a comer, nos llevaba a un excelente restaurant. ¡A cualquiera y a piaccere! Cada cual pedía lo que quería“.

Justamente ese espíritu humano contribuía a engrandecer la calidad de la publicación. “Ahí salían ya muchos temas, se empezaba a elaborar el próximo número. Se conversaba la portada, los temas, las entrevistas, y también surgían las anécdotas de cada cual en la semana… y ahí, ¡sobraban las Migajas!“.

Por supuesto que la contingencia futbolística no escapaba a la crítica de Martínez, con una selección chilena que iniciaba sus clasificatorias para el Mundial de Francia, en 1998: “El fútbol lo hacen los jugadores, también los técnicos, pero fundamentalmente los jugadores. El equipo que fue al Mundial de Alemania (Federal), el 74, era excelente. Lamentablemente nos tocó con Alemania, que fue campeón del mundo. Es que además somos medio fatalitos... Pero esa generación fue muy buena“.

A Martínez no le daban miedo las comparaciones: “Cuando uno piensa que ahora el back-centro de la selección es Fuentes (Ronald), que es un buen jugador… ¿Pero cómo lo va a comparar usted con (Alberto) Quintano, con Elías Figueroa, con Mario Soto? Oiga, pero, ¡por favor!“.

Su molestia y frustración con la generación de los 90 no podían ser aplacadas, justamente por las ventajas comparativas que genera el paso del tiempo, al menos en algunos aspectos: “Ahora ganan más dinero, tienen más posibilidades. Y, sin embargo, esta generación no es buena. No sé por qué“. Con todo, esa selección terminó clasificando al Mundial de 1998 en Francia, instancia en la que superó la primera ronda, con tres empates, para ser eliminada luego por Brasil en octavos de final.

Julio Martínez era uno de los últimos románticos, no sólo del periodismo, sino que de la vida. “No puedo ir contra la corriente, pero lo único que pido es que, así como nosotros tenemos que amoldarnos a estas nuevas costumbres -que no me gustan-, que los de ahora respeten a los que hemos hecho algo, y yo he hecho algo“.

Cuando en 1980 se le pidió un mensaje a la juventud, el comunicador aconsejó “que respeten a sus padres y que los quieran, porque se van a dar cuenta lo que eran cuando los pierdan (…) que quieran el suelo en que nacieron, que no estimen que todo lo de afuera es mejor que lo que hay de acá (…) Yo creo que Chile en sí es un país que no ha llegado todavía donde debió haber llegado por el potencial humano que tiene, tal vez porque somos demasiado individualistas“. 

Julio Martínez remarcaba que “lo que hace falta es cariño. Los jóvenes se quejan de falta de cariño, es probable que tengan razón, pero yo le diría a los niños que ellos brinden afecto y brinden cariño a lo más cercano: al colegio, al hogar, a Chile, y a la vida misma“.

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